Por Amaya Mendizábal

En el arte el pensamiento elabora formas para la acción.
Jorge Oteiza

La poesía experimental o la poesía visual, como se la conoce más popularmente es, sin duda el género más desconocido por el público en general y sin embargo, el que más nos rodea y seguro que todos habéis visto y leído ya, aun sin ser conscientes de ello.

“Visto”; ésta es su peculiaridad: la poesía “visual” no sólo se lee o se declama… se ve, se mira. Es el más “seductor” de los géneros poéticos que se nos aproxima con todas las cualidades de la poesía discursiva y además nos hace guiños con sus formas, colores, texturas… para detenernos, hablarnos y conquistarnos.

En efecto, puede que no lo sepas pero eres ya un consumidor de la magia y juego visual literario que es la poesía experimental. ¿Quieres comprobarlo? Muy simple, fíjate en la publicidad que recibes cada día: ¿cuantos ‘slogans’ guardan un “acertijo” visual? ¿Cuántos anagramas, carteles y logotipos están hechos con una “visualización” de una palabra?

Más allá de las palabras, más allá de la imagen, la poesía visual entrelaza los códigos de ambas expresiones en un “comunicado”. Eso es poesía visual y el diseño es, por ejemplo, un medio que ha absorbido las técnicas y tácticas de la poesía experimental.

Pero la poesía visual como tal sigue siendo un género poético casi en el olvido de los circuitos plásticos y literarios que han entrado en la gran feria del mercado del arte actual, a pesar de que ha estado presente desde la antigüedad hasta nuestros días en la obra plástica y literaria de muchas formas y con muchas firmas conocidas.

Buceemos un poco: como antecedentes históricos podemos fijarnos en los antiguos lenguajes de signos, en las ilustraciones de los antiguos códices medievales;  ya entonces encontramos poemas visuales. Ya en nuestros días ¿quién no ha oído hablar por ejemplo de Joan Brossa? Otros grandes nombres de la historia del Arte y la Literatura trabajaron en este género poético: Marcel Duchamp, Rafael Alberti, Julio Campal y en el País Vasco, como no, Jorge Oteiza, Gabriel Celaya y un largo etcétera.

La poesía visual puede comprenderse como un lenguaje de signos que abarca sonidos, letras, fonemas de una lengua, iconos… ¡el mundo está lleno de signos! Umberto Eco en su libro sobre el Signo (1) enumera una extensa recopilación de definiciones, entre las que tomo una al azar: “presentación de un objeto concreto”.

La poesía concreta es la vertiente más centrada en la palabra como signo, utilizándola desde el punto de vista formal y semántico. Entre los diferentes estilos de poemas visuales encontramos varios ejemplos: los que se pueden leer de arriba a abajo, o de izquierda a derecha, los que forman un dibujo, los que por su disposición especial provocan un especial efecto visual… Un caligrama, por ejemplo, es un poema visual en el que las palabras, letras o signos “dibujan” un personaje, un animal, un paisaje o cualquier objeto imaginable.

Pero volvamos a los orígenes a modo de flash-back: “El caligrama moderno, refundido por Apollinaire, tiene sus lejanos precedentes en los technopaegnia del período alejandrino griego y los carmina figurata latinos…” cita Rafael de Cózar en un artículo extraordinario que publicó la revista “Insula” sobre estos temas (2). Desde la cultura greco-romana podríamos dar un salto hacía las culturas maya o inca. Los mayas con sus glifos o los incas que utilizaban el quipu: un objeto de cuerdas anudadas que “codificaba” una información, un mensaje.

Acercándonos a otra línea de elementos comunicativos poéticos, tenemos los poemas-objeto, la poesía tridimensional, heredera de los ready-made de Duchamp (“esto no es una pipa”), que descontextualiza el significado habitual de un objeto para transformarlo en un elemento poético con nueva entidad.
Damos un salto desde los poemas objeto para hablar de la letra sonora, la polipoesía, donde la voz y los sonidos se hacen verso y la materia, el objeto desaparecen. Encontramos su máxima expresión en la obra del compositor estadounidense John Cage (3) que en su estudio sobre el sonido sentenció: “el silencio no existe”. En 1949 dió una conferencia que se titulaba “Conferencia sobre nada”. Su contenido íntegro fue el siguiente: “No tengo nada que decir, y lo estoy diciendo ahora”.

Hay muchos nombres inevitables, -y perdón por lo que queda en el tintero en este breve resumen-: Bretón, Marinetti desde su revista Poesia… o en la Revista Sic -Sons Idées Couleurs- donde los “cubistas” literarios publicaron sus poemas, como, por ejemplo, Pierre Reverdy, Jean Cocteau y Apollinaire en la época Dadá. Julio Campal, Huidobro y Francisco Pino, Jorge Oteiza, Gerardo Diego han aportado su extraordinaria poesía de vanguardia al devenir poético actual.

Las nuevas tecnologías han aportado una nueva dimensión a otra de sus ramas, el arte-correo o mail-art; ahora también email-art; estaciones de fax de recepción de propuestas, laboratorios de experimentación de poesía sonora, etc. y se generan multitud de convocatorias, de diversa temática que se mueven a través de la red.

Te invito a que tras esta breve introducción, leas más de este apasionante tema, visites sus exposiciones, mires las revistas… hay muchísimas ediciones independientes y “E-Zines”… y tal vez, te decidas a participar. La experimentación es la base de la poesía visual.

Enlaces recomendados:
-MerzMail: www.merzmail.ne
-Boek 861: www.boek861.com
-Vórtice: ww.vorticeargentina.com.ar

Bibliografía:
(1) ECO, Umberto: Signo. Ed. Labor
(2) Revista Insula 603-604, Marzo-Abril 1977 , nº 48. Monográfico sobre Poesía Visual: “VERLA POESÍA: LA IMAGEN GRÁFICA DEL VERSO” (www.insula.es)
(3) John Cage database (www.johncage.info)