Después de caer, se levantaron

Un mundo vestido de asfalto
alberga las músicas embriagadas de la escritura.

Cayeron las voces
gritaron los perversos
y en el rincón de las palabras
nuevamente besaron mi cuerpo.

Cayeron las tintas
murmuraron los momentos
se alzaron los recuerdos
y la sal de mis venas
cortó a los invisibles “Celestes”
repletos de viento.

Se levantaron los sueños
miraron hacia delante
los líderes de la paciencia
cobraron vida las esencias
más rebeldes de la poesía.

Cayeron los grandes hombres
se levantaron los creadores
vibraron las circunstancias
del presente
convirtiéndo en futuro
cada uno de nuestros actos.

Cayeron.
Cayeron deseosos de ser.
Cayeron y se levantaron
repletos de poesía
los grandes hombres
destinados a ser…

Libertad

Existen circunstancias por las que sentimos
cuando nos adentramos en el suspiro de respirar.
Somos etapas frágiles de hazañas
y programadas mentalidades sin responder.

Somos el éxtasis del sabor
cuando supuramos extremando recursos
previos
a la carencia de inspiración.

Entonces…
la reflexión decide por su propio peso
el hombre abraza la fragancia
y la mujer avanza en un suspiro de lluvia.

Convirtiéndonos en aquél
el que realmente siente
cada reflejo de inconsistencia
de ser o dejar de ser
y se interioriza en las atmósferas
de los danzantes viriles.

Así se expresa el concebir del pensamiento
la voz de sal, el gritar de Tramontana
y el orgullo de las nalgas de sombra
cuando se posiciona apaleándose
tras 30 años de luz y sombra.

Nos olvidamos de compensar el silencio
y la crudeza de la lucha por persistir
convirtiéndonos
en los días tachados
hasta el infinito del terminar.

Englobándonos pensadores
circundando circunstancias
soplando interferencias cromáticas
vendiendo blanco y fluyendo de cuestión.
¿Dónde te perdiste poesía
entre la humedad del destino?

Cuando atrapamos a los harapos
reflejados entre demasiado espacio en blanco.
Locura translucida entre labios
permanentemente
tu voz nos llama

Libertad…