La ballade de la fillie mauvais *

En la cocina no hay especias
en el dormitorio no hay sueño.
(Adam Zagajewski)

La noche acaba siempre aplastándonos,
podría incluso apoderarse del puesto de trabajo de cualquier apisonadora,
tú lo sabes pero tienes un don natural para fingir,
un don que no siempre agradeces cuando llega la mañana
y tienes que encontrarte cara a cara con ella
y reconocer que se trata de una poderosa multinacional
en la que fichar no es una cuestión de ética sino de supervivencia.

Si no llegas a la hora exacta,
se convertirá en una mujer celosa que hablará mal de ti,
que te pondrá en venta y te obligará a desear la muerte
porque si no mueres ese mismo día, convencerá a Dios
para que no encuentre ninguna razón que le incite a hacerte inmortal.

Así que piénsalo bien antes de entregarte de nuevo a la vigilia,
viola si es necesario la caja de somníferos
que lleva algunas noches imitando a las sirenas,
pero no olvides dejarla vacía
sabes muy bien que los testigos son inversamente proporcionales
a las personas imperfectas,
piénsalo bien o habrás dormido en vano.

* Balada de la chica mala

Cada martes mis ojeras crecen un milímetro y se hacen adultas

Es grato asomarse,
caer al lado anónimo y prohibido de las cosas.
(Pedro A. González Moreno)

A Pedro Antonio González, por su amistad
y sus versos contagiosos y exactos.

Llega la tarde y con ella me inicio
en esa disciplina, no reconocida por las academias,
que es la inercia.

Quisiera escoger otro bar
en el que mantenerme sobria,
unas gafas de sol menos sofisticadas,
Quelques lunettes, que no le adviertan al camarero
mi elevada incapacidad para conservar amantes,
pero regreso al lugar donde muero dos veces por semana,
a la misma mesa en la que cada martes
mis ojeras crecen un milímetro y se hacen adultas.

Estoy sola, el agua mineral ha dejado de hacerme efecto
después de confesar que su religión le impide
tener la misma muerte que tuvo Mata –Hari.

Ya no será más mi intermediaria,
no está dispuesta a consentir que sea una poeta sobria
quien la lleve al infierno.

No quiero quejarme, a fin de cuentas,
no seré la primera que muera aquí abusando del silencio,
hay muchos más cadáveres a la espera de órdenes
porque si la muerte te pide que obedezcas,
tú obedeces.

Fijaos si no en las servilletas,
de puro aburrimiento yacen muertas al lado de mis pies,
sólo su nota de suicidio imprime un poco de color
al resto del papel callado.

Ojalá hubiera podido hacerles entender
que no son ellas las únicas que esperan,
que yo también soy una mujer abandonada,
la víctima de que a mi imaginación
se le haya antojado iniciar los trámites para nuestro divorcio
sin tener la delicadeza de avisarme.

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* Biografía pendiente