El color de la mentira

Desear siempre todo
y no estar nunca conforme,
la insatisfacción que abrasa dentro,
un monstruo de anhelo al interior,
y estar siempre esperando
las oportunidades ya perdidas,
puertas que cerramos
que no tiene sentido abrir,
así quema el presente,
ese lapso que no existe
y la angustia por lo que vendrá,
lo que no llega,
sin asimilar pequeños sueños,
planos de ilusión que son
gotas de luz en nuestros ojos,
furor de sangre y lluvia en nuestros ojos,
esos días que no pasan,
que no esplenden,
cuando la vida es tener vida y nada más,
pongamos una toma falsa,
una débil sensación de luz,
no hay otra cosa,
no hay otra jodida cosa
y así llega el engaño,
el color de la mentira
cuando por desgracia es demasiado tarde,
pasó el tiempo,
como suele despertar el hombre:

tembloroso por haber querido todo
y no ser nada

una luz extinguiéndose en nuestras pupilas

a la orilla misma de lo que pudimos ser.

Tiempo de farsa

Una temporada extraña y decisiva

llena de sinsabores y amargos problemas

sin salir casi de mí
y enterrando unos cuantos recuerdos.

Asomado al fin de algo
esperando milagros
sintiendo cómo el tiempo se estira.

Todo al interior tan quieto
tan dormido
y yo haciendo balance de los meses pasados:

demasiada soledad
demasiados conflictos

y un intenso vacío.

Cuando se paran los relojes
cuando se rompen los sueños

cuando, cubierto el camino,
ya no queda nadie a quien mentir.

Tiempo de farsa.

Y de ambiguas promesas.

* Del poemario “Como flores secas al caer, pasan los días”